jueves, 3 de mayo de 2012
NUESTRA CRÍTICA - "Celebración", de Thomas Vintenberg (1998)
viernes, 14 de enero de 2011
Arrebato (1979)

viernes, 17 de diciembre de 2010
SOLARIS (1972)

NOTAS SOBRE SOLARIS Y EL ESPACIO INTERIOR
La eterna búsqueda del conocimiento, de lo más lejano, de lo mas inexplorado, en contradicción con la razón ética más arraigada en el ser humano, y me estoy refiriendo a la conciencia. Ya que todo acto de penetración resulta ser a su vez desencadenante de los mayores dilemas históricos y naturales de nuestra especie. En la película de Tarkovski, Kelvin y los demás tripulantes de la nave de exploración “provocan” al planeta viviente, bombardeando su superficie con todo tipo de radiación por el simple hecho de que sus preguntas sean contestadas. Como es natural estos ataques traen consigo una respuesta que atenta contra la lógica de los humanos. Las respuestas por tanto pierden su valor intrínseco para dejar paso a una incomunicación total. La exploración ha fracasado. No hay dialogo.
Como ya dijera Lem: "El hombre no necesita más mundos, sino espejos que reflejasen el suyo propio", o lo que es lo mismo, la conquista del interior antes que la búsqueda del exterior.
Sin embargo, muchas veces, las fronteras se antojan mas angostas en nuestros corazones que en el oscuro e infinito cosmos. Esto no deja de ser una contradicción, una losa que pesa sobre todos y cada uno de los seres humanos y que por otra parte ha fomentado el espíritu mas aventurero de los hombres llevandonos a lugares nunca soñados desde la noche de los tiempos. El simple hecho de amarnos ya supone la ruptura de una de esas fronteras humanas, pero también el hecho de matarnos o de diferenciarnos, o de conocer la naturaleza de nuestro sol, fuente de vida, o de romper las hasta ahora anquilosadas creencias fundamentalistas de la religión. Kelvin, desea descubrir los secretos de Solaris, sin embargo rehúye a su resucitada mujer, porque su razón no está preparada para romper sus prejuicios pragmáticos. Como ya ocurriera en el Stalker de Tarkovski, los personajes desean llegar y conocer todos los secretos de “La Zona”, sin embargo, una vez a sus puertas, estos temen las respuestas, porque temen sus propios deseos, en definitiva, no están preparados para enfrentarse con ellos mismos.
De alguna manera, nuestro ímpetu por encontrar una sola respuesta coherente nos lleva a cometer ciertas acciones que, de alguna forma, modifican nuestro entorno. El problema es que el conocimiento es infinito y a su vez una respuesta nos plantea otra pregunta y para responderla, a veces, hay que regresar a la caverna, revolcarnos por el fango y maravillarnos con las sombras chinescas que la supuesta realidad representa como una obra de teatro sin parangón.
Con esto quiero representar Solaris como un cuento de contradicciones personificadas en el cosmonauta Kelvin. Kelvin es capaz de viajar años luz hasta encontrar una respuesta en Solaris, pero a su vez no está preparado para esa respuesta. Llega así a enfrentarse cara a cara con todo aquello que aun no ha superado. Su dilema es el mismo en la tierra como en el espacio, sus problemas, recuerdos y lastres no desaparecen en el cosmos. Así, la línea divisoria entre acto y consecuencia, razón y corazón se difumina radicalmente para conformar una historia que parece desarrollarse instintivamente, sin premeditación, pero que a su vez nos arrastra irremediablemente a un final lógico e inexorable, como si una y otra vez, el mismo destino se impusiera al final de todos los caminos posibles.
David Rodríguez Muñiz
sábado, 4 de diciembre de 2010
El retrato de Dorian Gray (1945)

“Puedo creer cualquier cosa siempre que resulte absolutamente increíble.”
Oscar Wilde
Algunas cosas nunca mueren, pocas, pero las hay y uno de esos casos es la mordaz e inteligente obra de Oscar Wilde. Cuando escribió su novela más conocida "El retrato de Dorian Gray" en 1890, Wilde sacó a la palestra su feroz y desinhibida forma de ver el mundo, sus ideas sobre la belleza y sobre el placer, sobre los excesos y sobre la moral de la sociedad occidental.
La novela cuenta la obsesión de un hombre atractivo y exitoso por mantenerse siempre joven, después de que un amigo, el pintor Basil Hallward, le retrate con maestría sobre un lienzo. Naturalmente, su deseo se convierte en tragedia tras darse cuenta de que su petición ha sido en efecto escuchada, lanzándose así en una espiral de odio y vicio. Wilde, a través de sus personajes como si de un alter ego se tratase, expone su visión de la sociedad victoriana del siglo XIX a través de los mordaces diálogos entre el propio Dorian y Lord Henry, dos vanidosos y narcisistas gentleman que hacen de su vida una continua búsqueda del placer físico y psíquico. Con esto, la novela supuso una de las últimas obras clásicas de la novela de terror gótica y una fuente inagotable de inspiración en escritores de todo el mundo por la elegancia y claridad expuesta por ese grande entre los grandes pensadores y artistas que fue el controvertido Oscar Wilde.
En 1945 Albert Lewin filma una deliciosa adaptación con hurt Hatfield como Gray y un magistral e histriónico George Sanders como Lord Henry. Al igual que la novela de Oscar Wilde en la que se basa, El retrato de Dorian Gray (1945) es realmente un drama de corte moral en el que los elementos sobrenaturales están tratados de forma muy sutil pero no por ello menos siniestra, representados todos en la figura de ese Adonis decimonónico que no envejece mientras el cuadro con su figura adquiere todos los rasgos de la edad y la depravación en la que va sumiendo su vida. Sin embargo la película de Lewin se distancia ligeramente de la obra de Wilde en cuanto a su diatriba sobre el bien y el mal. Mientras que en la novela de Wilde el personaje principal era un vanidoso que intenta ocultar sus vicios a su conservador entorno, en el film de Lewin, Dorian, al igual que el Dr. Jekyll, lucha encarnizadamente con su reverso tenebroso, intentando decidir entre virtud o corrupción. También la cinta introduce una subtrama amorosa planteada no sólo como estrategia de apelación al público de masas sino muy probablemente para deshacerse del subtexto homosexual de la novela, que ya era sutil en la obra de Wilde pero que aquí es prácticamente inexistente.
Técnicamente, la realización de Lewin es impecable, tanto por la elegancia de las imágenes como por la atmosfera fantasmagórica impresa a la trama al mejor estilo gótico victoriano londinense. La película esta fotografiada en blanco y negro por Harry Stradling (Sospecha, Cara de ángel) ganador del oscar por su trabajo, sin embago el color hace su aparición en dos ocasiones para mostrarnos el cuadro maldito, creaciones imponentes de Enrique Medina (el retrato realista de Dorian) y de Ivan Albright ( el retrato degenerado de Dorian). Así pues la versión de Lewin es un dignísimo film, perfectamente ambientado y con un guión, tal vez demasiado literario, pero poderoso y efectivo, nada que ver con la efectista y facilona versión de 2010.
La película de Lewin es un tributo lleno de pasión a ese amante de la libertad que era Oscar Wilde y una muestra más de la época dorada de los estudios americanos de los 50.
"En literatura no existirán libros morales o inmorales,
sino simplemente libros bien o mal escritos.”
Oscar Wilde
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Sobre "Queridísimos verdugos"

«... Y creéis que porque una mañana levanten una horca en sólo unos minutos, porque le pongan la soga al cuello a un hombre, porque un alma escape de un cuerpo miserable entre los gritos del condenado, ¡todo se arreglará! ¡Mezquina brevedad de la justicia humana!... Nosotros, hombres de este gran siglo, no queremos más suplicios. No los queremos para el inocente ni para el culpable. Lo repito, el crimen se repara con el remordimiento y no por un hachazo o un nudo corredizo. La sangre se lava con lágrimas y no con sangre.»
Victor Hugo
¿Acaso han cambiado demasiado los tiempos? ¿Hemos legado a alcanzar ese ideal humanitario que profesan los gobiernos actuales? lo cierto es que no, ni los tiempos han cambiado demasiado, ni los derechos humanos encabezan el primer puesto de las prioridades globales. Y si la acción directa ha dejado paso al voyeurismo y a la pasividad, entonces no parece convincente la frase de que la civilización ha evolucionado hacia mejor, que ahora no nos matamos como antaño. Hace cuatro años la ejecución de Saddan Hussein se podía ver en todo el mundo vía Internet creando un diálogo casi sin precedentes entre justicia (ajusticiamiento) y pueblo. Los bombardeos a Gaza, la ocupación de Osetia del sur son casi programas de televisión que se han digerido como un gran hermano. Millones de vulneraciones sociales (persecuciones étnicas y políticas) se suceden en medio mundo mientras los países “desarrollados” callan y hacen números para escapar de una situación de bancarrota creada por ellos mismos. Millones de niños destrozan sus cuerpos trabajando en minas y vertederos explotados por una maquinaria capitalista que crece y crece como Gargantúa mientras los estratos mas altos de la sociedad se comen la cabeza pensando que Móvil regalar a sus hijos en navidad. La vida sigue, sí y seguirá por mucho tiempo, sin embargo el camino es tortuoso para los desfavorecidos y soñoliento e irreal para aquellos que ven la televisión a la hora de comer. La tortura, el ajusticiamiento y los genocidios que se han servido en la mesa de la historia no solo pertenecen a los francotiradores, generales y verdugos, no solo han sido bendecidos por los gobiernos sino también por los ciudadanos que callan y otorgan, por los miserables humanos que entregan su propia responsabilidad a aquellos a quien votan, si es que votan, si es que quieren, si es que pueden... mientras tanto, en pleno siglo XXI el papel del hombre se sigue resumiendo con esa frase tan conocida de Hobbes “homo homini lupus.”
Desgraciadamente, y para concretar en el tema que nos ocupa, en este país tenemos mucho que callar. Hasta el año 1975 se llevan a cabo asesinatos legales por medio de un instrumento atroz de madera y hierro llamado "garrote vil", cosa que parecía gustar mucho a los españoles, puesto que miles de ciudadanos se aplastaban los unos a los otros en las plazas de las ciudades y pueblos para intentar ver y oír mas de cerca como un hombre... o una mujer, se dejaba la vida en pos de la justicia.
El salmantino Basilio Martín Patino filma de forma clandestina, aun en años de la dictadura, un documento de gran valor sociológico prestando sus ojos y oídos a tres verdugos de la dictadura franquista de finales de los 70. Antonio López Sierra, Vicente López Copete y Bernardo Sánchez Bascuñana hablan sin tapujos, puesto que no los tienen, acerca de su oficio. Explican como el devenir del tiempo les llevó a desempeñar semejante bajeza y juzgan, mientras comen y beben, la funcionalidad de tal oficio, justificando por momentos el ojo por ojo y diente por diente mientras el país se cocía en la olla del odio y la mezquindad. Martín Patino, como un interlocutor mudo, nos propone un duelo, un duelo que pone a prueba nuestra comprensión y nuestra capacidad para racionalizar sobre el sentido mismo de la vida humana y con total respeto y por que no decirlo, unas gotas de surrealismo, nos obliga a hacer un acto de conciencia y a reflexionar sobre nuestra propia sinceridad.
Si alguien está libre de pecado que tire la primera piedra. Si alguien quiere juzgar a estos tres jinetes del Apocalipsis que lo haga, pero no seré yo el que escupa al cielo y me quede a esperando a que llueva.
David Rodríguez

Carlos Heredero
viernes, 5 de noviembre de 2010
BASILIO MARTÍN PATINO

Breve biografía:
Basilio Martín Patino nació el 29 de octubre de 1930 en Lumbrales (Salamanca). Sus padres, ambos profesores, eran de derechas y católicos y sus dos hermanos se dedicaron a la vida religiosa (su hermano José María, sacerdote, fue secretario del cardenal Tarancón y otra hermana es religiosa). Sin embargo, Basilio tomó un camino muy distinto, asumiendo posturas anarquistas que se verían reflejadas en su cine. Estudió en la Universidad de Salamanca, licenciándose en Filosofía y Letras, y posteriormente obtuvo el título de director-realizador por la Escuela Oficial de Cine de Madrid.
Antes de dedicarse al cine realizó estudios literarios y escribió Calle Toro, antes Generalísimo, libro que fue finalista del Premio Biblioteca Breve pero que el mismo autor no quiso publicar aunque se lo propusieron (por ejemplo el historiador Manuel Tuñón de Lara lo quiso publicar en París). En sus comienzos, Martín Patino fue uno de los pioneros de la publicidad en España, pero su carácter independiente le hizo dedicarse a sus propios proyectos, siendo en 1953 cuando se acercó verdaderamente al cine, creando el cineclub de la Universidad de Salamanca y publicando la revista Cinema Universitario.
En 1955 organizó en Salamanca las I Conversaciones sobre el Cine Español, conocidas como las Conversaciones de Salamanca, que habrían de tener gran resonancia en el futuro del cine del país. En el encuentro, cuyo cerebro fue Ricardo Muñoz Suay, se reunieron los mejores directores del cine español de la época.
Tras dirigir varios cortometrajes, se licencia en la Escuela Oficial de Cine en 1961 con la película Tarde de domingo. En 1963 realiza el cortometraje Torerillos, que le supondría sus primeros problemas con la censura (el censor le pidió que retirara el humo de un tren argumentando que "ensuciaba el paísaje de Castilla La Mancha ya de por sí feo"). Su gran éxito le llega tres años después con la película Nueve cartas a Berta (1966), que obtiene la Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián; el encuentro con el público fue un éxito y la película estuvo en cartel, para asombro del propio Patino tras sus problemas con la censura, durante cien días.
A partir de ese momento, Patino realiza una carrera alejada de los circuitos comerciales, destacando por los documentales Canciones para después de una guerra (1971), su obra de más éxito junto con Nueve cartas a berta y en el que, mediante el uso de imágenes procedentes principalmente del NO-DO y canciones de la época ofrece un recorrido por la posguerra española; Queridísimos verdugos (1973), con entrevistas a varios verdugos de la época y a familiares de ajusticiados; y Caudillo (1974), sobre Franco. Estos dos últimos, como otras de sus obras, tuvieron que ser realizados de forma clandestina y sólo pudieron ser estrenados tras la muerte de Franco.
Dentro de su militancia anarcosindicalista, participa en la Fundación Cultural de la Confederación Nacional del Trabajo.
Su interés por la cinematografía de no ficción le lleva a explorar los territorios del falso documental, como el dedicado a la matanza de campesinos libertarios en Casas Viejas o La seducción del caos (1991), con Adolfo Marsillach. Destaca también su interés por las tecnologías audiovisuales, tanto las pioneras (posee una colección de zoótropos y linternas mágicas, instalada en la sede de la Filmoteca de Castilla y León) como las nuevas, lo que le lleva a investigar las posibilidades del vídeo desde su aparición, así como los recursos que la imagen en 3D, los videomuros o la edición informática pueden ofrecer al creador.
En 2007 recibió el título de Doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Un passeig abans del migdia (un paseo antes del mediodía)
El viernes 12 finalizamos el ciclo "Cinedistorsión" con el documental "San Clemente" de Raymond Depardon y con el estreno del cortometraje "Un passeig abans del migdía" del catalán Ricard Vives, una aproximación a la locura desde el punto de vista de un anciano que sufre una distorsión espacio-temporal que le imposibilita para ver las cosas que le rodean desde un punto de vista objetivo. Una excelente pieza sobrada de creatividad y rodada con un presupuesto infimo en 2010, mordaz, acida y con unas divertidas interpretaciones de Eduard Fisas y del pintor barcelonés Pau Nubiola (Finisterrae)."Un Passeig abans del Migdia es una historia inclasificable, donde todo, realidad y ficción, presente y pasado, se mezclan en un relato terrorífico del paso del tiempo, y de las cosas que nunca cambian."
_Ricard Vives_
dirección: Ricard Vives
guión: David Rodríguez
montaje: Xavier Vives
script: Xavier Vives
operador cámara: Jesús Santos
caracterización: Begonya Martínez
producción: Xavi Pujals, Patricia Manresa
sonido directo: Gerard Borràs
dirección de arte: Mónica Oset
música: Ramón Olesti
post-producción de sonido: Olesti, música y sonido
padre: Eduard Fisas
hijo: Pau Nubiola
sábado, 16 de octubre de 2010
5ª DISTORSIÓN
Cartel: Esti Zumake
lunes, 11 de octubre de 2010
4ª DISTORSIÓN
En esta cuarta ocasión os ofrecemos la proyección de esta sensacional pieza dramática que emana de la colaboración codo con codo de dos grandes genios de la cinematografía y la literatura. Dirigida por el prestigioso Joseph L. Mankiewicz, “De repente, el último verano” es la adaptación a la pantalla de la obra del célebre novelista Tennessee Williams, quien además participó en la elaboración del guión cinematográfico junto al también prestigioso escritor Gore Vidal.
Subrayar para quien no lo sepa que gran parte de la angustiosa obra de Tennessee Williams se nutre de sus experiencias personales. Tanto las situaciones como los personajes de sus novelas suelen corresponder con personas a las que el autor conoció personalmente y con acontecimientos que marcaron su vida. Uno de estos acontecimientos fue la locura que padecía su hermana Rose. El joven Tennessee estaba muy unido a ella a pesar de la esquizofrenia paranoide que padecía y jamás perdonó a sus padres que autorizaran una lobotomía pre frontal como tratamiento. La operación fue un fracaso y Rose quedó incapacitada para siempre, pasando el resto de su vida en un hospital mental. Esta brutal experiencia convirtió la locura en un tema recurrente a lo largo de su carrera, pero retratando al demente desde un punto de vista cercano y compasivo, como un ser tremendamente angustiado e indefenso ante lo0s demás, y no como a un monstruo peligroso al que hay que encerrar. De esta terrible vivencia surgen obras tan grandes como “El zoo de cristal”, la magnífica “Un tranvía llamado Deseo” o esta que nos ocupa, en la que el autor denuncia la práctica indiscriminada de la lobotomía y cuestiona la ética profesional en la medicina psiquiátrica del momento, criticando la facilidad con la que se perforaban cráneos para hurgar en algo que todavía hoy, medio siglo después, sigue siendo un gran misterio para el hombre, el cerebro humano.
La historia transcurre en Nueva Orleans en el año 1937. Es un momento prolífico para la psiquiatría ya que la lobotomía se plantea como una novedosa solución para miles de familias que tienen parientes afectados de locura, asegurando anular con esta intervención las conductas indeseables de los enfermos. La “venerable” Sra. Venable (Katherine Hepburn), atraída por esta innovadora técnica, propone al joven doctor Cukrowicz (Montgomery Clift) donar los fondos para un nuevo hospital con la condición de que practique una lobotomía a su sobrina Catherine (Elizabeth Taylor), una delicada y hermosa joven que ha quedado desquiciada tras la repentina muerte durante un viaje por Europa de su primo Sebastian, idolatrado hijo de la Sra. Venable. Los firmes principios del joven doctor, que conoce las terribles consecuencias que conlleva esta intervención en el paciente, le obligan a llevar a cabo una intensa investigación para conocer qué pasó realmente el último verano.
Mankiewicz recurre a intensos diálogos entre estos tres pesos pesados de la interpretación para sumergir al espectador en el pasado de estos personajes y aclarar el origen de este presente lleno de frustración y oscuras intenciones, en el que auténtico protagonista sigue siendo, a pesar de su ausencia, el enigmático Sebastian. A final de la cinta el director rompe con el discurso y nos transporta al pasado mediante un feroz flashback lleno de imágenes impresionantes que rozan el surrealismo, consiguiendo gracias a esto uno de los desenlaces más impactantes de la historia del cine.
Cabe destacar la fantástica fotografía en blanco y negro de Jack Hildyard (ganador del Oscar por El puente sobre el río Kwai en 1957) y los soberbios decorados del director artístico William Kellner.
Cartel y texto: Esti Zumake
sábado, 9 de octubre de 2010
3ª DISTORSIÓN
CORREDOR SIN RETORNO
2ª DISTORSIÓN
SHUTTER ISLAND
Impregnada de los ambientes pesimistas y tétricos cultivados por escritores como Kafka, Poe o Camus y con reminiscencias estéticas del Bosco, Shutter Island, adaptación de la novela de Dennis Lehane (Mistic River), se presenta a priori como una película de cine negro, sin embargo el truculento desarrollo de la trama hace al film tomar otros derroteros. El detective Teddy Daniels acude a la institución mental de Ashecliffe para investigar la misteriosa desaparición de una de sus pacientes, tras la cual pueden encontrarse algunos organismos oficiales. Ni que decir tiene que la institución y el propio detective guardan más secretos de los que aparentan en una primera toma de contacto. A partir de esta premisa se desarrolla un pesadillesco thriller donde el espacio se modela a cinceladas agresivas hasta crear una malsana tensión que solo se ve apaciguada al final del relato.
Dirigida por el historiador de cine y consolidado director de "Taxi driver" y "Toro salvaje", "Shutter Island" cabalga continuamente entre dos mundos, entre dos realidades y entre los múltiples puntos de vista que se le ofrecen al espectador. Es una película inquietante y cínica que se enturbia por momentos y en la que lo que parece, nunca o casi nunca es lo que realmente es. Una película que juega con el flashback y la alucinación para dar pequeñas pistas al espectador a la vez que ayudan a desubicarlo un poco más, así de contradictorio es este film que cuenta con unas interpretaciones de lujo, entre ellas las de Leonardo DiCaprio, Ben Kingsley o el fetiche masculino de Bergman, Max Von Sydow.
La trama se desarrolla en una época no menos inestable que su propio espacio de acción. Hablamos de los años 50, cuando aun se podían oler los restos de la II guerra mundial y la conspiración y la paranoia iban engordando lo que vendría a llamarse guerra fría. La mente de muchos hombres y mujeres se empobrecía y se anquilosada en años pasados y traumáticos y la medicina psíquica del momento, lejos de ayudar a los pacientes con terapias moderadas, hacinaban a los enfermos en oscuras galerías cuyas bombillas tintineaban debido al uso de electroshocks. Significativo es también que el edificio Ashecliffe se ubique en una isla totalmente apartada de tierra firme, recurso más realista de lo que se puede interpretar al ver una ficción cinematográfica, pues bien conocido era el manicomio de San Clemente en Venecia cerrado tras la validación en Italia en 1978 de la ley 180.
Shutter Island supone una delicia contemporánea que formalmente hablando, se construye como un film artesanal y desprovisto de alardes infográficos, una película a la altura de los grandes clásicos norteamericanos de mediados de los 50.
David Rodriguez Muñiz
Cartel: Esti Zumake
1ª DISTORSIÓN
Miércoles 13 21:00
EL QUIMÉRICO INQUILINO (THE TENANT)
El miércoles 13 de octubre Lumiere & Lumiere inaugura el ciclo “Cinedistorsión” con una inclasificable y arriesgada película de Roman Polanski. “El quimérico inquilino” rodada en 1976 y estrenada en el festival de Cannes el mismo año en el que “Taxi driver” se hizo con la palma de oro, fue considerada en su momento como un fracaso de público y crítica, sin embargo el tiempo ha colocado en su sitio esta retorcida visión sobre la locura y la obsesión y hoy está considerada uno de los mayores aciertos en la carrera del realizador polaco.
Basada en la novela del polifacético y surrealista Roland Topor (fundador junto con Jodorowski y Arrabal del grupo pánico) “Le locataire quimerique” cuenta el infausto devenir de Trelkovski, un inmigrante polaco que alquila un apartamento en la parisina rue Piyrénées. Poco a poco, las relaciones con los vecinos y su obsesión por la trágica desaparición de la antigua inquilina, le irán sumergiendo en una espiral de extrañas visiones, recelos y malentendidos que harán de su vida una grotesca trampa que adquiere las precisas dimensiones de un agobiante apartamento.
Pocos como Roman Polanski, que vivió en primera persona la deportación de miles de judíos a los campos de concentración nazis, han sabido radiografiar con tanta precisión los intrincados laberintos de la mente humana y de condensar en espacios casi ínfimos la realidad distorsionada de un enfermo mental, el inquietante drama que se produce cuando la realidad y la ficción se funden como oleos en un lienzo.
Destacar también la excelente fotografía del film a manos de Sven Nysvist (Persona), los laberínticos decorados del edificio decimonónico donde se desarrolla la acción, la ténebre y melancólica musica de Philipe Sardé y la perfecta planificación técnica de este relato cíclico que pone manifiesto la terrible idea de la historia circular, del eterno retorno del tormento.
“Una historia de terror realmente actual, tan estrechamente enrollada sobre sí misma, tan fría y mortal como una serpiente en la cama.” _John Collier_
Cartel y texto David Rodríguez Muñiz
sábado, 14 de agosto de 2010
El manuscrito encontrado en Zaragoza (1965)

Dentro de la producción literaria fantástica, las supercherías y las viejas tradiciones culturales del siglo XVIII y XIX en Castilla, cabe encuadrar esta peculiar cinta de tintes épicos que mezcla con maestría la magia romántica de Bécquer y el sensual y cíclico ideal de "Las mil y una noches"; una obra que cabalga continuamente entre la realidad y la ficción, entre el humor y el horror.
Si me refiero a la peculiaridad del film no es tanto por el desarrollo de la historia o por su técnica para contarla, que es sobresaliente, sino a que este documento histórico fue producido e interpretado por un equipo de cineastas polacos capitaneados por Wojciech Has, director de la inquietante “The Hour-Glass Sanatorium” (1973).
Este particular director polaco completa sus estudios de bellas artes en Cracovia después de dedicarse durante años a la enseñanza. Tras varios films, unos educativos, otros para el gobierno polaco, dirige en 1957 su primer largo: "Petla". Después Has decide tomar un camino creativo distinto al de la nueva ola polaca, creando a su alrededor un mundo lírico-surrealista desarrollado en todo su esplendor en la película que nos ocupa.
"He visto la película de Has al menos tres veces lo que, en mi caso, es algo excepcional.” _Luis Buñuel_
“El manuscrito encontrado en Zaragoza”, perdida hasta que Scorsese y Coppola la reeditan hace no demasiado, supone un mágico ejercicio narrativo construido según la técnica del relato enmarcado, con historias dentro de historias que se ramifican y se entremezclan desarrollándose de boca en boca y de secuencia en secuencia, hasta cerrar un círculo a modo de, como ya hemos dicho, "Las mil y una noches" o "Los cuentos de Canterbury". Cabe señalar que la película está basada en la obra "Manuscrit trouvé à Saragosse" del noble, historiador, científico y escritor polaco Jan Potocki, que se suicidó en 1815 con una bala de plata que él mismo había fundido de la tapa de un azucarero... ahí es nada.
"Las cosas del pasado, cuestiones dejadas atrás hace tiempo, se superponen a la realidad actual. El subconsciente invade la realidad. Los sueños así permiten una revelación, nos muestran el futuro" _Wojciech Has_
La película nos sitúa a principios del siglo XVIII en plena guerra napoleónica.
A través de un viejo tomo encontrado en Zaragoza por un militar, nos adentramos en un sinfín de historias mágicas pobladas de exóticas damas moriscas, brujas, cabalistas, truhanes y demás personajes grotescos que van creando un crisol fantástico en torno al personaje del capitán Alphonse Van Worden, que de camino a Madrid se verá sumergido en un mundo totalmente ajeno a él y que pondrá a prueba su temple y su cordura. De esta manera, a través de sus ojos y de las anécdotas de los personajes con los que se ira topando, se sucederán historias fabulosas acontecidas en lugares tan míticos de la geografía castellana como la Venta quemada, la Posada de los alcornoques o las orillas del Guadalquivir en Sierra Morena.
Wojciech Has recrea ese ambiente onírico propio de toda narración de leyenda gracias a un guión enrevesado y danzarín y a una cuidadosa puesta en escena, amén de unos decorados y de un vestuario dignos de cualquier superproducción. Todo ello, unido al particular tono humorístico-fantástico de sus diálogos y a una elegante y bien contrastada fotografía en blanco y negro de Mieczyslaw Jahoda, convierten esta pieza de tres horas en una joya del cine como lo es el "El Decamerón" en literatura. Un pedacito de historia que nos brinda otro gran genio de la cinematografía polaca.
“El espacio es el dominio de la pintura; el tiempo es el dominio de la literatura y el cine. Jugar con el tiempo activa la imaginación de los espectadores." _W. Has_
_Darius Somerset_
miércoles, 4 de agosto de 2010
L'important c'est d'aimer (Lo importante es amar) (1975)
Esti Zumake. Valoración 7,5/10He de reconocer que me acerqué a "L'important c'est d'aimer" con cautela. El título me producía cierto recelo ya que temía encontrarme con un melodrama sentimental y el hecho de que lo protagonizasen Romy Schneider (la tierna Sissi Emperatriz) y Fabio Testi (al que consideraba un actor de poca monta) no ayudaba demasiado. Pero por otro lado un motivo de peso hacía que esta cinta me provocase una atracción irresistible. Este motivo se llama Andrzej Zulawski, y afortunadamente, bastó una sola secuencia para que un nudo en mi garganta confirmase que efectivamente me encontraba frente a un film puramente zulawskiano. Para los que no sepan a lo que me refiero con esta definición, aclararé que el cine de Zulawski es seguramente una de las experiencias más perturbadoras que podemos experimentar frente a una pantalla. Es un cine arriesgado y provocador, poblado de personajes atormentados que atraviesan situaciones de lo más surrealistas, en el que la entonación juega el papel principal como en un poema y que en ocasiones puede resultar exagerado y excesivo pero que contiene una carga emotiva tan fuerte y visceral que, para bien o para mal, nunca resulta indiferente.
"L'important c'est d'aimer"(1975) es la tercera película del director polaco y la primera de una etapa francesa a la que seguirían dos producciones más, "Possession" (La Posesión 1981) y "La femme publique" (La mujer pública 1984). Una etapa en la que el director aborda el tema del amor como una constante y que le sirvió para obtener el reconocimiento mundial después de que el régimen comunista de Polonia, su país natal, censurase su segunda película "Diabel".
Este film es una adaptación de la novela de Christopher Frank "La noche americana", que describe el triángulo amoroso que surge entre la actriz fracasada Nadine Chevalier, su impotente esposo Jacques y Servais Mont, un fotógrafo que tras conseguir unas fotos furtivas de la actriz queda fascinado por su belleza. A través de un guión circular el director cierra con habilidad una historia en la que se abordan temas como el fracaso y la compasión, mezclando elementos tan dispares como la pornografía, el chantaje, las drogas y las orgías sadomasoquistas con el teatro de Shakespeare y los versos de Rimbaud. Este guión repleto de personajes grotescos nos adentra en un mundo sórdido del que parece imposible escapar, pero en el que también pueden germinar sentimientos más profundos como el amor, que no entiende de circustancias, la compasión o el sacrificio. A medida que la cinta avanza y los personajes desnudan su alma, la historia se vuelve cada vez más delirante, la cámara gira enfebrecida con la chirriante música de Georges Delerue de fondo produciendo más inquietud si cabe y alcanzando el clímax en momentos de auténtica catarsis.
Otro factor a destacar de esta película y del cine de Zulawski en general, es la capacidad del director para exprimir hasta la última gota el talento de los actores con los que trabaja, especialmente en sus trabajos con las actrices Romy Schneider, Isabelle Adjani y Sophie Marceau.
Un ejemplo perfecto es la primera secuencia de esta película, en la Zulawski pide al personaje de Nadine que se salte las reglas, que mire fijamente a la cámara y que convenza al espectador de su sufrimiento. El resultado es sobrecogedor, la actriz logra que el espectador se apiade de ella y la separe del ambiente tenebroso que la rodeará el resto del film. Gracias a este papel Romy Schneider realizó una de las interpretaciones más reales y conmovedoras que nos ha ofrecido el cine y obtuvo el Premio César a la Mejor Actriz en 1976. De Fabio Testi debo decir que me ha sorprendió gratamente, su actuación es muy aceptable al igual que la de Jacques Dutronc en el papel del marido, un personaje dificil que en un principio nos muestra un carácter histriónico y ridículo pero que finalmente se libera de su máscara de payaso para sincerarse y explicar los motivos de su patético comportamiento. Y como no, destacar la soberbia presencia de Klaus Kinski que chapotea como pez en el agua en esta historia a su medida.Espero que este director polaco no caiga en el olvido y que se reedite de nuevo su filmografía, con títulos tan transgresores como "La posesión", una de mis películas fetiche, o "El globo plateado", proyecto que el director tuvo que abandonar por falta de presupuesto grabando solamente la mitad de la película que de por si supera las tres horas de duración.
lunes, 26 de julio de 2010
La casa de bambú (1955)
El asalto a un tren y el robo de un cargamento de armas del ejército estadounidense frente al monte Fuji, la llegada a Tokio de un extraño personaje de aspecto desaliñado y la emergente carrera de un capo de la mafia interpretado por William Holden, marcan el punto de partida para que Samuel Fuller desarrolle un colorido thriller lleno de traición y suspense al más puro estilo Howard Hawks; eso sí , de pinceladas más exóticas, puesto que en esta ocasión la acción se situa en el Tokio de 1954. En "La casa de bambú" Fuller filma unos hermosos escenarios reales, al menos los exteriores, gracias a un acertadísimo Cinemascope y a una soberbia fotografía en Tecnicolor de Joseph MacDonald (El Yang-Tse en llamas).
Fuller, el americano más antiamericano, artífice de clásicos como "La luz del hampa", "White dog" o "Corredor sin retorno", dirige con maestría esta pieza de cine negro salpicada de acción e ingeniosos diálogos, destacando los concernientes al jefe de la banda Sandy Dawson y que sin duda Tarantino tuvo bien en cuenta en películas como "Pulp Fiction" o "Kill Bill". Fuller, considerado en USA como un director de serie B, fue tremendamente admirado por jovenes realizadores americanos de los 80 y 90 como Demme, Scorsese o Jarmush y elogiado por europeos de la talla de Godard o Wenders, que nunca ocultaron la admiracion por este realizador de Massachusets que utilizó la violencia para reflexionar sobre la intolerancia y la naturaleza salvaje del ser humano.
En "La casa de bambú" se repiten muchas de las constantes que pueblan el cine de Fuller: personajes turbios de naturaleza redentora, villanos de gran encanto natural, sensualidad latente (esta es una de las primeras películas norteamericanas en mostrar un romance interracial) y de nuevo, como ya hizo en "White dog" ,un alegato contra la discriminación racial, esta vez simbolizado por la actriz Shirley Yamaguchi que tiene que soportar las vejaciones de aquellos que la rodean y limitarse a actuar como una chica kimono, cuya única función es la de servir al hombre y tener la boca cerrada.
Destacar sobre todo la representación de un Japón que curaba sus heridas de la segunda guerra mundial, el duelo épico entre Ryan y Stack, dos personajes antagónicos que simpatizan y se respetan por igual hasta el climax final (su relación influyó claramente a Tarantino en "Reservoir dogs") y algunas de sus secuencias como el hitchconiano duelo final sobre una atracción de feria o la escena en la que Sandy sorprende a Griff bañándose en un cubo japonés y le da muerte a tiros que perforan las paredes del recipiente... toda una muerte a la japonesa. Tambien señalar la sutileza con la que Fuller supo impregnarse de la cúltura oriental y dotar a su cámara de una elegante movilidad a la hora de deslizarse por los decorados, utilizando los biombos, cortinas y otros afiches japoneses para componer sus planos y representar una genial puesta en escena que nada tiene que envidiar a los grandes maestros del pais del sol naciente.
Como punto negativo quedan algunas carambolas de guión que se traducen en incoherencias de trama y que hacen un flaco favor al personaje de Robert Ryan (Sandy Dawson) que tal vez, llevado por una tensión sexual no resuelta hacia su contrincante, comete errores impropios de un jefe del hampa de su envergadura.
Con todo, una película más que recomendable para los amantes del cine negro.
"Tenemos demasiados intelectuales que tienen miedo de usar la pistola del sentido común."
-Samuel Fuller-
_Darius Somerset_











